
Ya estamos otra vez aquí. Se acabó el espejismo de agosto y volvemos a la carga con las mañanas de colegio a tope, las tardes de compras desenfrenadas y el ritmo frenético de una ciudad que parece que se va a acabar mañana.
Con septiembre vuelve la prisa absurda a la calle. Volvemos a ver las carreras, la gente perdiendo las formas, olvidándose de las normas de tráfico y de las reglas más básicas con tal de rascar un puñetero minuto al reloj. Vuelven los velocirraptores, los kamikazes y los listillos de turno que te adelantan en cualquier sitio y de cualquier manera porque ellos lo valen, poniendo en riesgo la seguridad de todos.
La trampa del cronómetro y el estrés diario
Y claro, en ese ambiente de histeria colectiva, es muy fácil que nos contagien el virus de las prisas. Nos metemos en la cabina y parece que nos subimos a un Fórmula 1 en lugar de a un autobús interurbano. Los coches cruzándose sin mirar, los horarios ajustados al milímetro y la presión de llegar a la hora nos empujan muchas veces a un estrés innecesario.
Pero cuidado, porque las facturas de correr por encima de nuestras posibilidades se pagan siempre, tarde o temprano. Y las pagamos nosotros con nuestra salud, nuestra paciencia y nuestro bienestar.
El espejo en el que no debemos mirarnos
Hace poco seguro que vimos todos ese vídeo sobre una ciudad andaluza y su empresa de autobuses, donde las compañeras y los compañeros estaban completamente reventados, al límite físico y mental, atrapados por un sistema de trabajo triturador que no respeta ni los tiempos humanos. ¡No volvamos a caer en eso! No podemos consentir que la presión del carril nos vuelva a arrastrar a un bucle de desgaste que nos destruya por dentro.
Parece que se nos olvida lo que cuesta mantener la cabeza fría cuando el entorno se vuelve loco.
Memoria, descanso y dignidad frente al volante
Recordemos todo lo que hemos peleado y lo que nos ha costado llegar hasta aquí. Los derechos no se regalan, se defienden a pulso en la calle y en las cocheras. Caer de nuevo en la trampa de saltarnos los descansos, de aguantar sin ir al servicio o de jugárnosla al volante solo para cumplir con un planning imposible es hacerle el juego al sistema que prefiere máquinas antes que personas.
Compañeras, compañeros: bajemos una marcha. El servicio hay que sacarlo, por supuesto, porque somos profesionales con 22 años de experiencia a las espaldas y sabemos de sobra lo que hacemos, pero nuestra integridad va siempre por delante. Que el ritmo de septiembre no nos quite la cabeza ni nos haga olvidar de dónde venimos.
Cuidémonos, respetemos las normas, hagamos nuestras paradas cuando toquen y que nadie nos vuelva a tratar como piezas de usar y tirar.
Por un servicio seguro, responsable y humano.
Somos Sindicalistas
Firmado: Javier Barragán 6.0
Creo que has dado en el sitio adecuado. Claves: dignidad, salud, y sobretodo…MEMORIA