EL MOTOR DE NUESTRO VIAJE: LA RISA Y LA PRISA

Después de 20 años al volante, he aprendido que una línea de autobús es mucho más que asfalto y horarios; es un escenario donde conviven cientos de historias cada día. En nuestro oficio, donde la rutina a veces intenta imponerse y la tensión es nuestra compañera de viaje, hay cosas que marcan la diferencia: el ambiente que generamos y cómo gestionamos el ritmo del día a día.
​La risa y la cordialidad: Nuestra mejor herramienta
La risa y la cordialidad no son solo cortesía; son herramientas de trabajo. Un saludo amable a la persona que sube, un gesto de complicidad con compañeras o compañeros en el cambio de turno o una sonrisa ante un imprevisto transforman un trayecto pesado en uno llevadero. Cuando trabajamos con buen humor, el ambiente se relaja, la comunicación fluye y, lo más importante, nuestra jornada se vuelve más humana y gratificante.
​El lado positivo de la prisa
Todos sabemos lo que es ir ajustados. La «prisa positiva» es sinónimo de eficiencia y compromiso: es la que nos ayuda a cumplir con los tiempos de paso para que la usuaria o el usuario llegue a su cita, al trabajo o a casa. El secreto no está en elegir entre ser cordiales o ser rápidos; el truco está en integrar ambos: la cordialidad nos hace disfrutar del viaje y la prisa eficiente nos asegura llegar a tiempo.
​Cuando el tiempo no justifica el riesgo
Pero ojo, que este oficio tiene sus sombras. Si la prisa bien gestionada es eficiencia, la prisa descontrolada es el camino más corto hacia el peligro. Cuando la prisa se convierte en ansiedad, aparecen las decisiones arriesgadas: adelantamientos indebidos que nos ponen a nosotras, a nosotros y a los demás en una situación límite. En un vehículo de nuestras dimensiones, un segundo de distracción puede tener consecuencias irreversibles. Los atropellos y los accidentes no avisan; ocurren precisamente cuando bajamos la guardia por intentar ganar esos pocos minutos que, al final del día, no compensan el riesgo asumido.
​La velocidad: un riesgo en nuestras calles
Además, no podemos ignorar que nuestras rutas recorren puntos críticos donde la velocidad excesiva no es solo una falta de puntualidad, sino un peligro real y constante. En las calles de doble sentido y, sobre todo, en esas vías estrechas donde el espacio para el error es inexistente, conducir con urgencia es una apuesta temeraria. Allí, cualquier acelerón innecesario nos resta capacidad de reacción ante una peatona o un peatón inesperado, o ante un vehículo que sale de una intersección. Debemos entender que, en entornos urbanos complicados, la seguridad de la conductora y del conductor depende directamente de nuestra capacidad para adaptar la velocidad al entorno, no al reloj. La pericia no se mide por lo rápido que pasamos por un punto estrecho, sino por lo seguras y seguros que lo hacemos.
​Debemos ser conscientes de una realidad ineludible: ninguna usuaria ni ningún usuario, y ninguna empresa, espera que pongamos en juego nuestra integridad física por cumplir un horario al segundo. La puntualidad es un objetivo, pero la seguridad es nuestra obligación sagrada. Un retraso tiene solución; una imprudencia grave, lamentablemente, muchas veces no.
​Somos profesionales, somos compañeras, somos el ejemplo
Como afiliadas y afiliados a Somos Sindicalistas, nuestra labor en Martín de va más allá de conducir un vehículo. Representamos un colectivo que cree en la dignidad del trabajo, en la ayuda mutua y en la defensa de lo público. Sin embargo, no podemos ignorar con preocupación que, en los últimos tiempos, han aparecido comportamientos que no nos representan: adelantamientos que ponen en juego vidas ajenas, accidentes que se habrían evitado con un ápice de prudencia y, en ocasiones, actitudes que se alejan de la ética básica.
​Cuando portamos el uniforme y, más aún, cuando nos identificamos con valores sindicales, nuestra responsabilidad se duplica. Mantener el «saber estar» incluso bajo la presión de un horario ajustado es la mejor defensa de nuestra dignidad profesional. Apelamos a esa fraternidad que nos une como compañeras y compañeros. Volvamos a la raíz de lo que somos: trabajadoras y trabajadores que saben sonreír ante la adversidad, que cuidan al equipo y que, por encima de todo, garantizan un servicio seguro. Que nuestras acciones al volante hablen de nuestra integridad y que la prudencia sea, a partir de hoy, nuestro mayor orgullo sindical. No permitamos que lo «feo» de algunas actitudes eclipse el valor real de nuestro trabajo. Sigamos siendo el ejemplo de profesionalidad que esta empresa y esta ciudad merecen.
​Por un servicio seguro, responsable y humano.
​Somos Sindicalistas

Por: Javier García 6.0

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